miércoles, 22 de julio de 2026

OTRA VIDA POR VIVIR

KALLIFATIDES, THEODOR, Otra vida por vivir, Galaxia, 2019

Kallifatides es un escritor que ha perdido la facultad de escribir al cabo de una vida fecunda (¡cómo no recordar a Rulfo!), pero que tiene la habilidad de contarlo por escrito.

De origen griego, emigró a Suecia en cuya lengua ha escrito su abundante producción literaria. Cuando dice haber perdido la facultad de escribir, nos obsequia con este precioso libro (en griego en el original), donde relata su experiencia crepuscular y su vuelta a Molai, Epidauro, a la búsqueda de sus recuerdos de infancia. (El mito del eterno retorno de Eliade, el permanente regreso a Ítaca).

No se me ocurre una reseña al uso, mejor que se regalen con algunas de las frases que contiene el libro. Y que, si les interesa, se hagan con él. Yo he tenido la suerte de recibirlo de manos de Marta, la gentil bibliotecaria de mi pueblo y me ha producido honda satisfacción.

 Después de los setenta y cinco nadie escribe. (24)

La escritura está, sí, dentro de nuestra cabeza, pero también alrededor de nosotros, en las paredes y en los muebles, en el olor a café, en la luz de la lámpara. (26)

Tener miedo de los demás y que los demás tengan miedo de ti. (46)

Una de las cosas que trae consigo la vejez es que uno piensa más en el futuro de los otros que en el propio. ¿Acaso existe un misterio mayor en este mundo que el de sentirse atraído por una única cara toda la vida? (54)

“No comulgo con tu opinión, pero estoy dispuesto a morir por tu derecho a expresarla”, dijo Voltaire, si es que llegó a decirlo. (60)

Con procesos democráticos puede imponerse tanto la dictadura como la tiranía. Con lecciones democráticas puede llegar al poder un partido que quiera acabar con la democracia. (61)

Mi abuela no era periodista, ni filosofa, pero solía decir que “las palabras no tienen huesos, pero los rompen”. Sabía lo que casi todo el mundo sabe: que una palabra puede hacer más daño que el cuchillo más filoso. Decir algo es hacer algo. (62)

Si queremos entendernos unos a otros, ante todo debemos aceptar que el otro existe y que es probable que crea en cosas distintas de las que creemos nosotros. En una relación de igualdad no hay sino derechos recíprocos y obligaciones reciprocas. Respétame para que te respete, escúchame para que te escuche. (63)

La vida termina y al mismo tiempo sigue. No en el cielo o en las islas de los Bienaventurados, sino en las consecuencias de nuestras acciones. (66)

“Que piensas”, me preguntaba Gunilla. “Que moriré”, le contestaba con la mayor sencillez de que era capaz, sin entender verdaderamente lo que le estaba diciendo. La muerte siempre está presente y siempre es incomprensible. (68)

La emigración es una especie de suicidio parcial. No mueres, pero muchas cosas mueren dentro de ti. Entre otras, tu lengua. (73)

La escritura es como un manantial. Puedes ornamentarlo con estatuas, adornarlo como una preciosa fuente, construir alrededor del borbotón una placita y sembrarla de sicomoros. Pero nada de eso es lo que hace que el agua fluya. Es la presión desde las oscuras profundidades de la tierra la que crea la la erupción del agua. (82)

A veces tengo la impresión de que la vejez tiene un sentido: que alcancemos a arrepentirnos de lo que hicimos y no hicimos en la juventud. (86)

Hasta Cristo, pensaba, si vivera en estos tiempos, escribiría en Twitter. “Amaos los unos a los otros”. ¿Acaso hay un tuit mejor? (99)

La vida en Grecia es dulce, pero sin dinero es amarga y miserable. (130)

Cuando sabes lo que quieres decir, puedes decirlo en todas las lenguas que conoces. También puedes guardar silencio en todas las lenguas que conoces. Pero cuando no tienes nada que decir, lo dices mejor en tu lengua materna. (152)