Hace poco, tuvimos la oportunidad de
asistir, como cierre de la cita de 2026, a la representación de ‘Sainetes del
Madrid castizo’, seguida de ‘Sancho Panza en la Ínsula Baratária’, bajo la
dirección artística de Antonio Gil, alma
mater de ese teatro. Una velada
llena de encanto entre vecinos que se acercan, con el ánimo bien dispuesto, a
cualquier evento cultural que se les proporcione, en este mundo aterido por los
desdichados acontecimientos que sufren nuestros iguales de lejanas tierras y
que no podemos dejar de considerar como propios.
Los actores, aficionados locales, dieron muestra de su buen hacer y una entrega encomiable, merecidamente aplaudida. Los sainetes, cuadros de ambiente popular madrileño de Arniches y Casona, adaptados y dirigidos por Antonio Gil, nos trajeron a la memoria relatos de una época pasada que perduran en nuestra historia reciente y se mantendrán en nuestro acervo cultural para siempre. En todos late el espíritu popular, burlón y dicharachero, en el que subyace la crítica social inherente a un pueblo que siente, pero también opina y critica.
¿Y qué decir de ‘Sancho en la Ínsula Baratária’?
A los que amamos los textos del manco universal (que nunca lo fue), esa obra
trasplantada a nuestro pueblo -también en adaptación y dirección de Antonio Gil-,
había de atraernos como polillas a la luz. Y no salimos defraudados, los
actores infantiles pusieron alma y corazón en la representación. ‘Sancho Panza’
estuvo a la altura de los mejores del arte escénico; aún en una tierna
juventud, apunta las maneras y el aplomo de los actores consagrados. Excuso las
demás alabanzas que merece, por no parecer que abundo en exceso, tratándose de
un retoño del árbol fecundo de los Gil.
Termino deseándole al teatro del Siscar
larga vida y nuevos éxitos, con las palabras de Garcia Lorca que cita el
director:
“El teatro es una
escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres (y mujeres,
añado) pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con
ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre. Un
pueblo que no ayuda y fomenta su teatro, si no está muerto, está
moribundo".

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