miércoles, 11 de mayo de 2016

VIAJE POR EL SAHARA OCCIDENTAL. EL BADÍA


Francisco Javier Díez de Revenga


SANZ NAVARRO, MARIANO, Viaje por el Sahara Occidental, El Badía, Diego Marín, librero-editor, Murcia, 2007

Mariano Sanz (Murcia, 1943) publicó en 2007 un interesante libro de viajes que llama la atención por su singularidad. Su título es El Badía, Viaje por el Sahara Occidental. Lo publicó Diego Marín, en colaboración con el Ayuntamiento de Santomera. En sus páginas se relata un viaje apasionante, un recorrido lleno de sorpresas y de encuentros de lo más asombroso. Lo primero que llama la atención de la obra es su estructura porque sirve para conducir al lector en el avance por tierras africanas hacia el Sur, hasta llegar al antiguo Sahara español.
El  libro está construido sobre la base de la imagen de un mapa que nos ofrece, detalladamente, los avances en la ruta elegida, tierra adentro avanzando por el desierto, de manera que el lector nunca se desorienta. Téngase en cuenta que todos hemos oído hablar de esas tierras irredentas y que algunas veces se nos han hecho familiares en los telediarios (¿Quién no recuerda la célebre Marcha verde coincidente con la agonía del general Franco y los primeros pinitos del inmediato rey Juan Carlos, aún príncipe de España?), pero lo normal es que nos seamos capaces de encontrar en el mapa los lugares recorridos y desde luego de dibujar la ruta seguida de una manera ni siquiera aproximada. Por eso el lector, este lector al menos, agradece que un mapa no le abandone nunca y le acompañe por todo el recorrido.
Son muy interesantes las magníficas fotografías de los personajes que el viajero (los viajeros) se ha ido encontrando a lo largo del  trayecto establecido, personas importantes con las que han compartido momentos, escenas, comidas, espacios y descansos. Crean ambiente y contribuyen a que el lector se sienta inmerso en la trama, en la historia y en el argumento de este impar libro.
Mariano Sanz ha acudido a estas tierras acompañado de Alejandro y de Gonzalo y los tres han compartido experiencias y estímulos, y los tres han vivido la conciencia de un paisaje, de una tierra, de un espacio vital tan diferente del habitual. El viaje es la mejor experiencia que puede tener un ser humano y saber contarlo es cualidad no siempre habitual en el viajero. El viaje ofrece la perspectiva diferente y precisamente el que relata el viaje crea su propio perspectivismo, ya que su mirada foránea es la que llegar a resultar capaz de encontrar aquello que siendo ordinario y habitual para el habitante  de la tierra visitada, ante el extranjero, ante el foráneo, se convierte en extraordinaria.
Me ha recordado mucho este viaje a mi maestro el profesor Mariano Baquero Goyanes, que viajó muy poco en su vida, casi nada. Apenas visitas familiares a Madrid o de trabajo en algún tribunal de oposiciones. No asistía a tesis doctorales, no fue profesor visitante en ninguna universidad y, madrileño de nacimiento, aunque estudiante en Oviedo, aquí a Murcia vino al obtener la cátedra a los veintiséis años de su edad, y aquí se quedó, casado con una murciana, hasta su muerte a los sesenta y uno, en la flor de la vida, en la madurez más rica como profesor, como lector y como investigador.
¿Cómo puede ser entonces que me recuerde este libro al profesor Baquero? Porque explicaba como nadie un libro del siglo XVIII sorprendente y único, las Cartas marruecas de José Cadalso, donde un viajero marroquí recorre España y cuenta, con asombro, aquello que a él le parece extraño, sorprendente o sobresaliente en las costumbres españolas y que a los españoles les parecería absolutamente normal. La utilización de este punto de vista foráneo para juzgar costumbres buenas y malas es lo que desarrolla lo que Baquero Goyanes denominó perspectivismo. Y eso es lo que Mariano Sanz lleva a cabo en su largo relato del viaje: descubrir desde la perspectiva del europeo, modos y costumbres de  los habitantes de los lugares destacados.
Hay que valorar mucho la capacidad descriptiva desplegada por Mariano Sanz en este libro suyo. Tierras y paisajes, naturaleza y conjuntos rurales y urbanos son descritos con detalles ricos en observación, de manera que el lector se ve envuelto en un mundo para él desconocido y lejano, pero que, gracias a la perspectiva de Mariano Sanz, llega a hacerse próximo y cercano. Esa es la mayor virtud del buen viajero, del observador atento, que es capaz de ver un paisaje, un mundo, un contexto, sabe entenderlo, y, lo que es más valioso, sabe explicarlo, con resultados excelentes, atractivos, sugerentes, vitales.
Historias, leyendas, paisajes, personas, habitantes, costumbres, mundo complejo y original enriquecen la lectura de un libro que se convierte en un auténtico gozo por su variedad, por sus cualidades descriptivas, por su riqueza expresiva, por la atención a los detalles más inesperados, por el cuidado en las descripciones. Excelente obra digna de ser leída con detenimiento y con natural afán de conocer y de saber… Así, con este propósito, un mundo totalmente nuevo se abre ante el lector para  construirse en una perspectiva que si, en su origen, es personal y propia, no por ello deja de ser para el que la recibe y la sabe entender, atractiva y seductora.