miércoles, 6 de abril de 2016

CUENTOS TRUCULENTOS

                                                             
                                                                 Francisco Javier Díez de Revenga

SANZ NAVARRO, MARIANO, Cuentos truculentos, Diego Marín, librero editor, S.L., Murcia, 2001

Acaba de publicarse un interesante libro de cuentos de un escritor murciano: Mariano Sanz Navarro (Murcia, 1943). Se trata de una colección de cuentos de terror que él denomina Cuentos truculentos (Diego Marín, librero editor), y que hemos de inscribir en la más pura tradición de la literatura fantástica y de terror, en la que los elementos de lo sobrenatural, el mundo de las creencias y las supersticiones, el espacio más negro de la cultura tradicional traspasa los límites de lo posible para convertirse en algo sorprendente, impactante, desencadenador de las más bajas pasiones y sentimientos,, provocador en el lector de la duda, del estremecimiento, de la angustia, de la lucha racional para entender los límites de lo probable y de lo verosímil, los límites de lo real y de lo creíble.
“Truculento”, según el diccionario de la Real Academia Española, es aquello “que sobrecoge o asusta por su morbosidad, exagerada crueldad o dramatismo”.
Una corriente, sin duda también de origen ancestral, recorre todos los cuentos, y muestra su ascendencia tradicional. El autor siempre está junto a los más débiles aunque éstos se sirvan del más abyecto crimen para hacer justicia. Quizás la complacencia ante situaciones terroríficas esté únicamente justificada porque, a la manera tradicional, la ética de los cuentos, atacada por constantes infracciones, busca sólo un fin que justifique esos medios: el triunfo de la justicia más natural, de la bondad frente a la maldad, del ajusticiamiento del perverso y del triunfo, aunque con pecado, del más débil. Así, hallamos monjas suicidas, escolares asesinos, amantes vengativos, dementes víctimas de su propia locura, avaros escarmentados, supersticiosos compulsivos, lujuriosos en ridículo…
Hay autenticas joyas en la colección. He aquí algunos ejemplos. Por su final positivo, ya que la conclusión podría ser cualquier otra, citaré “El vuelo”, uno de los relatos más completos de todo el volumen, y que, excepcionalmente, es un relato urbano, costumbrista y cotidianista; y un relato de un personaje corriente en un ambiente corriente, que al contrario de lo que ocurre en otros cuentos de la serie, no llega a tomar la decisión final compulsiva y horrible, que toma, casi por obligación e inevitablemente, en el resto de de los cuentos de la colección. Otra de narraciones más logradas es la titulada “El premio”, que adopta la estructura narrativa y de contenido del “metacuento”, ya que el protagonista es exactamente un autor de cuentos que se presenta a un premio y lo gana con un relato que, curiosamente, forma parte de la colección de Mariano Sanz. Se produce entonces lo que estructuralmente denominamos un juego de espejos, como en “Las Meninas” de Velázquez, de manera que nos confundimos con las perspectivas y no sabemos muy bien quién es quién, y es que ese es el engaño virtual del relato, que habla de un autor de cuentos que gana un premio con otro relato. También en este cuento, el final rompe con el sistema narrativo y desencadena el clímax de horrores.
Hay que hacer referencia a algunos formales que dan a la colección signo de identidad. Mariano Sanz navarro logra en esta colección forjar un estilo propio, para lo cual se sirve de un lenguaje muy unitario y compacto, conseguido con una gran riqueza expresiva basada en la presencia de giros populares y coloquiales muy hábilmente suministrados. El narrador omnisciente se suele valer de amplios recursos lingüísticos y muy variados para llamar la atención del lector sobre aspectos puntuales, especialmente en los pasajes más dramáticos y más escabrosos, en los más duros momentos. Sin duda alguna, la riqueza estilística de la colección, desde el punto de vista lingüístico, es una de las mejores aportaciones del libro, dada la variedad de registros, la verosimilitud de los giros empleados y la soltura y amenidad que se prodigan a lo largo de todos los relatos.