jueves, 17 de marzo de 2016

LA PRIMAVERA EN VIAJE HACIA EL INVIERNO

                                                                                 Mariano Sanz Navarro

GARCÍA MONTALVO, PEDRO, La primavera en viaje hacia el invierno, Ed. Regional de Murcia, 1981

 Expurgando la discreta biblioteca que poseo, me viene a las manos este delicioso librito que me renueva el cariño por sus letras y por su autor.
A mi juicio, Pedro García Montalvo (Murcia, 1951) es un escritor menos conocido en nuestras latitudes de lo que sería justo. Estimo particularmente sus libros de cuentos, quizás por ser ese un género que también cultivo, salvando las evidentes distancias.
Su obra es dilatada: El intermediario, Editorial Seix Barral. Barcelona. 1983; Una historia madrileña. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1988; Las luces del día, Editorial Pre-Textos, Valencia, 1997; Retrato de dos hermanas,  Ediciones Destino, Barcelona, 2004; El relámpago inmóvil, Ediciones Destino, Barcelona, 2009; Los amores y las vidas, Editora Regional de Murcia, l983.
Varias de ellas han recibido diversos premios y galardones, incluso se han llevado al cine; aunque en los últimos tiempos el autor guarde un prudente silencio, anticipo quizás de nuevas sorpresas que esperamos con avidez.
Componen el libro del que tratamos aquí -La primavera en viaje hacia el invierno- una colección de seis relatos con un prefacio donde se adelanta una futura realidad literaria que supone acercar al lector al ciclo completo como la naturaleza acerca al viajero a una ciudad por primera vez visitada. Quedémonos, por ahora, en esta primera piedra, ya de por sí atractiva.
García Montalvo utiliza una prosa dulce y poética, rebosante de buena literatura, de factura perfecta, ligeramente barroca que soslaya con habilidad el fárrago peligroso de la pedantería.
El “íncipit” de su primer relato – DIVERTIMENTO-, dice mucho de lo que hemos de encontrar en las páginas que siguen: El alegre bullicio parecía connatural a aquel paraje del río. Difícil sería volver a imaginar el boscoso remanso sin aquella algarabía feliz que inundaba sus márgenes. (P.13).
A partir de aquí, viene la historia de una apacible jornada que dos adineradas feligresas de la diócesis – Dª Asunción y Dª Cava-, proporcionan a los niños pobres de las escuelas y a los maestros imprescindibles para su guarda. Entre ellos, don Toribio Casasimarro, cuyo bigotillo académico contribuía a precisar su efigie, y salía fiador de sus buenas costumbres. (P.15).  El relato va desgranando, en una prosa intimista y delicada, las aventuras de la jornada, perfilando con minuciosidad los personajes hasta hacerlos tan cercanos que nos parecen salidos de nuestra propia juventud. Don Toribio acabará conquistando, en una aventura disparatada a la que se ve abocado a su pesar, a su amada, inaccesible hasta aquel momento glorioso. Una aventura fluvial que recuerda el desatino de don Quijote en un barquichuelo al que las aguas amenazan conducir hasta las fauces de un molino harinero.
Es libro para leer de forma pausada, pues no ha de surgir el interés de la acción, que se remansa lentamente, sino de la propia lectura que se muestra deleitosa, por más que el desarrollo de las escenas nos vaya conduciendo, suavemente, hasta el desenlace que resulta, como se intuía, bonancible; epifánico, dirían los que analizan con mirada más docta estos asuntos. Ahora sí, ahora, por vez primera, don Toribio podía concebir esperanzas…(p.24)., porque Nuestras vida parece surgir sobre la tierra como por una chanza genial a la que nos es imposible sustraernos, pero sobre cuya tenue gratitud veremos alzarse la forma de la nobleza, la dignidad y el genio (p. 25).
Más adelante sabremos, en otra historia -UN MONÓLOGO-, que la mente ociosa puede reservarnos sorpresas truculentas, imágenes nunca deseadas como la del viajero que experimentó sin asombro la delectación de quien maquina un mal para su enemigo sabiendo que no llegará a cumplirse, y gozando así del resultado sin exponerse a remordimiento, gustando sin esfuerzo ese gozo imaginado y parcial. (p.52). El señor Berenguer llegará a su destino, a salvo ya de sus ardorosas meditaciones durante el recorrido inacabable en un tren inhóspito, observando que un vagabundo dormía en un banco, bajo el goteante porche, y uno de los empleados atravesaba entre los grupos, ensimismado, balanceando en la mano una potente linterna.  (p.62)
A qué seguir desgranando lo que se dice en los siguientes cuentos. Baste decir que todos se desarrollan a tenor parecido y que recomiendo su agradable lectura al que sienta deseos de relajarse, en una tarde amena, con una lectura culta y delicada, poco frecuente en nuestros días.

El libro fue editado en su día por La Editora Regional de Murcia, obteniendo Mención de Honor en el premio “Ciudad de Alcalá de Henares” de narrativa en el año 1980. Hay varias ediciones posteriores. La que poseo, dedicada por el autor, es una pequeña joya (por su tamaño), que no debería faltar en ninguna biblioteca de nuestra región ni de cualquier otra. Si de algo adolece –a mi forma de ver-, es de una letra menuda y abigarrada de la que pueden dolerse algunos lectores que, como yo, han cumplido años suficientes.