viernes, 13 de enero de 2017

LEYENDO A ANTONIO CAMPILLO MESEGUER:


CAMPILLO, ANTONIO, Tierra de nadie. Cómo pensar en la sociedad global, Herder, Barcelona, 2015
Para los que somos legos en la materia, resulta gratificante un remojón salutífero en las templadas aguas de los escritos filosóficos. Y nada mejor para ello que optar por este libro del profesor Campillo Meseguer, que seguro ha de proporcionar al que en él se adentre, materia suficiente para la reflexión pausada. Si el lector tiene cierta propensión a la molicie, como es el caso de quien esto escribe, se verá de inmediato espoleado a incorporarse al grupo de personas a las que inquieta nuestro presente, nuestro futuro, y las relaciones que entre nosotros y con el medio hemos de mantener: repensar radicalmente las relaciones entre lo privado y lo público, lo personal y lo político, la tutela de los más vulnerables y el contrato entre los iguales; en resumen, la ética del cuidado y la política de la justicia social.
En estos tiempos en que vivimos un nuevo retorno a la barbarie, amenazados por un capitalismo cada vez más globalizado, desregulado y depredador (p.19), suena como un canto de esperanza su opinión de que, lejos de ser un oficio anticuado e inútil, la filosofía tiene ante sí una gran tarea y una gran responsabilidad: ayudar a reconstruir “la razón común” para que la humanidad viviente, entretejida ya en una sola sociedad planetaria, se haga cargo de su pasado múltiple y se enfrente al porvenir con una actitud reflexiva y cooperativa. (p.21)
Campillo analiza las sucesivas etapas globalizadoras que a lo largo de la historia de la humanidad han sucedido, para adentrarse en el concepto de terra nullius, desde su aparición en época imperial romana hasta su aplicación sesgada e interesada, por los países colonizadores o sencillamente invasores, de épocas modernas (casos de EEUU, Australia, Israel, Sahara Occidental, etc.). Concluye que el concepto de terra nullius y la teoría del “descubrimiento” fueron ficciones jurídicas utilizadas para justificar la conquista de la tierra habitada por los indígenas. (p.43)
La terra nullius de los orígenes se ha convertido en tierra de todos, “el patrimonio común de la humanidad”. El mundo, que era infinito cuando nuestros primeros abuelos salieron de la Falla del Rif para adueñarse de él, se ha vuelto pequeño; se puede circundar, no ya en días, sino en horas, y las comunicaciones han acabado con las distancias. Eso nos conduce inexorablemente a un concepto de globalidad y de responsabilidad compartida en la forma de tratarlo. Es tarea de la que nadie puede sentirse excluido desde que instalamos el ‘efecto mariposa’ en el planeta. Debemos aceptar que, como decía Michel Foucault refiriéndose a los filósofos griegos, existe un vínculo inseparable entre éthos, pólis y kósmos, las tres condiciones básicas de la vida humana: Hemos de comenzar a pensar la sociedad global como una nueva comunidad histórico-política, como un nuevo espacio de convivencia que debe dotarse de leyes e instituciones democráticas comunes. (P.85)
Emplea el Dr. Campillo la metáfora del barco: todos los seres vivos navegamos en este mismo barco, por más que a unos le haya tocado viajar en primera y a otros en segunda o en las bodegas. Yo aún añadiría que los hay todavía más desafortunados: aquellos a los que les ha tocado nadar tras la estela tumultuosa del navío, implorando a voces que los dejen subir a bordo sin que, en la mayoría de los casos, nadie los escuche ni se moleste siquiera en mirar por la borda.
En la tercera y última parte del libro, se adentra el autor en el concepto de la filosofía como cosmopolietica, que trata de conectar entre sí la ciencia, la política y la ética. (p.91) en un mundo en el que se producen, cada vez con mayor frecuencia cambios muy profundos, muy acelerados y muy generalizados. (p.111)
La tarea de la filosofía –concluye- consistirá en actuar como traductora entre idiomas diversos, como mediadora entre adversarios enfrentados, como constructora de puentes entre territorios incomunicados entre sí. (p.115)
*
Se trata de una obra imprescindible, dirigida a quien tenga la sensibilidad suficiente para mirar con preocupación a su alrededor y se pregunte hacia dónde camina la sociedad en que vivimos. Existe una relación biunívoca entre el grupo humano y un medio que, erróneamente, se ha considerado como bien de renta cuando es un bien de capital y agotable, que solo le pertenece en tanto que inquilino que dispone del usufructo. Tenemos la obligación ineludible de manejarlo como bien común, y de dejarlo a nuestros descendientes en mejores condiciones de las que lo recibimos.

No se lo pierdan. Escrito en un lenguaje llano y asequible, es de los libros que se leen en una hora y se digieren durante mucho tiempo.